
Nace el 24 de mayo de 1889 en Logroño. Hijo de una familia pobre y humilde, esta acostumbrado desde niño a vivir en estrechez. Empieza sus estudios en el seminario de su ciudad natal. “valiéndose de mil fatigas para hacer la carrera”.
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“Soy de familia pobre… pude ver las manos encallecidas de mi madre… conozco la pobreza… porque he vivido muchos años abrazada a ella”.
La casa en que nació Francisco está situada en un barrio del Logroño antiguo. Allí vivía el matrimonio formado por Eduardo y Patricia: un hombre y una mujer venidos del campo que se establecen en la capital con un pequeño negocio de bebidas. Como no llega el dinero, ella trabaja de lavandera. Es un hogar de siete hijos, pero la enfermedad pronto reduce la familia a dos: Patricia y Francisco. Descubre nuevas pobrezas: la orfandad y la soledad; la economía sigue mermando. Cuando decide entrar en el seminario, el mismo tiene que trabajar para ayudarse a pagar los estudios y conseguir gratis al menos, el desayuno y la cena. Así a base de tesón y de esfuerzo, pero siempre apoyado por el cariño y la fortaleza de su madre, Francisco llega al sacerdocio.
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La llegada al sacerdocio Es un pórtico abierto a la actividad de perfección religiosa, No una meta de placidez inoperante y cómoda”.
En el año 1913 francisco finaliza sus estudios y es ordenado sacerdote: “Id y enseñad a todas las gentes “. Es significativo que ya entre los símbolos que elige para los recuerdos de su primera misa, aparezca la figura del Divino Maestro de pie rodeado de apóstoles. Ahora como siempre, comienza esta nueva etapa, significa poner todo al servicio de Dios. Valiéndose también de sus muchas cualidades naturales. Francisco se entrega de lleno a sus actividades parroquiales y todavía le queda tiempo para estudiar. Hombre espiritual, hombre de Iglesia, hombre seriamente preparado da su primer “salto” de la Rioja a Córdoba. En todos estos lugares desarrolla su actividad alternando sus trabajos como profesor y las responsabilidades que le asignan en estas diócesis. Francisco, preocupado por todo y por todos, constantemente repetía: “Hay que hacer algo”. ¡Y lo Hacía!. Con su palabra, con sus escritos, con sus actuaciones frente a los problemas de la Iglesia y de la sociedad.
“Soy vuestro padre…buscad en mi solamente una cosa, aquello que no suple todo y que no tiene compensación posible, el amor, y estad seguros de que no os sentiréis desilusionados, porque vuestro Obispo tiene un tesoro de amor para vosotros y no ansía sino derramarlo, a manos llenas, sobre sus hijos”. “Educar es enseñar a vivir y si el ideal de la vida humana es




