Cruceiros, en Pobra do Caramiñal En A Pobra, solamente atendiendo a las piezas centenarias, se registraron 27 cruceiros distribuidos por los escasos 34 km del término municipal, lo que nos habla de su alta densidad. Son la manifestación de un arte que hunde sus raíces en la Edad Media y, como tal, arquitectura y escultura aparecen íntimamente ligadas. El cruceiro no sólo es arte en piedra, también es un recuerdo de la unión entre vivos y muertos, una oración permanente o respuesta a una devoción particular. Los hay de carácter funerario (en los cementerios), otros señalan espacios sagrados (los atrios, las encrucijadas mágicas) y muchos los que delimitan divisiones parroquiales. A su alrededor gira todo un mundo de ritos y tradiciones ancestrales que, a veces, entran en confrontación con la ortodoxia y se acostumbran a etiquetar de “creencias populares”. De ahí su gran valor etnográfico. Los tradicionales cruceiros de “vara” o de fuste que podremos admirar en tierras pobrenses se componen de una grada escalonada, pedestal, el fuste, un capitel y un crucifijo. Pueden llevar imágenes o no, pero lo más frecuente es que veamos al Crucificado y a la Virgen acompañados de ángeles o de símbolos de la Pasión. Destacan por su antigüedad y gran valor artístico el de la playa de San Lázaro (visible en el jardín de la familia “Castro Dios”, a la entrada de A Pobra desde Boiro), A Mercé, San Isidoro, Santa Cruz de Lesón (1595), cementerio de O Xobre, todos de finales del siglo XVI y del XVII. Pero la mayor parte se levantan en el siglo XVIII; magníficos son los del atrio de O Deán (17509, Cristo do Pichón (1750), Casás (177-), Ouxo (1774), O Pumadiño (1774), A Silva (1775), Abuín (1779), A Ponte Barbanza (1706), restaurado en el XX), etc. En ellos no resulta difícil adivinar talleres. El levantado por los franciscanos en el puente de O Mano (1620) conserva un “peto” o hucha de ánimas del purgatorio. Su función es recaudar limosnas para que las almas del purgatorio alcancen la felicidad del cielo e intercedan por el bienhechor. Además de los de “vara”, existe otro tipo de cruceiros denominados “loretos” o “de capeliña”, que son genuinos de O Barbanza. Se diferencian de los anteriores en que sustituyen el fuste por un grueso pilar y el capitel por una hornacina que alberga una imagen de la Virgen. Los más antiguos podrían ser del siglo XVI, pero alcanzan una mayor difusión en los siglos XVII y XVIII. Son los de Moldes, el riquísimo de Xunqueiras (1679), A Pontenaveira, A Banda y O Cruceiro Novo. Casi todos estuvieron pintados (Moldes, hasta 1983, Xunqueiras, A Pontenaveira): Cruceiro de San Lázaro Cruceiro de Moldes "loreto" Cruceiro de San Isidro